LIBRO ABIERTO: septiembre 2008
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banderitas traducción
* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).

* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).

* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".

Mención de honor en el OCTAVO CERTAMEN NACIONAL Y TERCERO INTERNACIONAL DE CUENTO Y POESÍA JUNINPAIS2009 (Argentina), obtenida con el cuento "Viaje fantástico al bosque encantado".


Mención de Honor "Voz Hispana" otorgada por Ediciones Independientes MAR EN PROA (México), en calidad de finalista del Concurso de Cuento Breve, con "Dimensiones amorosas" y coautor de la Antología correspondiente.

Distinción recibida de C.I.C.L.A., Centro Israelí para las Comunidades Iberoamericanas, en la Universidad Hebrea de Jerusalém.

Uno de los ganadores del Concurso Internacional de Relato Latin Heritage Foundation, con el relato titulado: "Godo".

Dirección de correo electrónico personal del autor:

rudyspillman@gmail.com


Especial diseño del presente blog para teléfonos celulares

septiembre 30, 2008

SHANA TOVA (Feliz Año Nuevo)

A través del vídeo, podremos apreciar la salutación que nos llega por el nuevo año judío que comienza y que excede las fronteras del pequeño gran Estado de Israel, en pro de un mundo más justo y mejor.

La GRANDIOSIDAD de las pequeñas cosas

CASCADAS VIVAS

"Es con pequeñas pinceladas que lograremos convertir en una verdadera obra de arte la pintura de nuestras vidas."

R. S.

Me ha llegado un anónimo que mucho tiene que ver con lo que he escrito más arriba.
He aquí su texto:



Detalles

El alumno, según él, había terminado el cuadro.
Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato.
Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá.
Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente.
El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime.

Casi con reverencia le dijo al maestro:
“¿Cómo es posible que con unos cuantos toques
-simples detalles- haya cambiado tanto el cuadro?”

El maestro le contestó:
Es que en esos pequeños detalles está el arte.

Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que
todo en la vida son detalles.

Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día.

Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.

Todas las relaciones:
la familia, el matrimonio, el noviazgo o la amistad;
se basan en detalles.

Nadie espera que atravieses el Océano Atlántico por él,
aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños.

Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo.

Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien.

Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión, dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas.
Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesite que le dones un riñón, pero se puede quedar esperando a que le devuelvas la llamada.

Se piensa a veces que la felicidad es como tocarte la lotería, un suceso majestuoso
que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por otra llena de dicha.

Esto es falso, en verdad la felicidad la encontramos en las pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.

Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza de lo poco.

No desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas:
una flor, una carta, una palmada en el hombro,
una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta.

Pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes.

¿A qué esperas entonces?
Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. No lo dejes para después por parecerte poca cosa.

En las relaciones no hay cosas pequeñas,
únicamente existen las que se hicieron
y… las que se quedaron en buenas intenciones.

Recuerda siempre que la vida está hecha de pequeños...
DETALLES.

PINTURA VIVA-Lluvia en la ciudad

septiembre 28, 2008

UNA CUESTIÓN DE TAMAÑOS


Se acaba de publicar mi última novela, titulada: UNA CUESTIÓN DE TAMAÑOS.

Como es ya sabido y continúa siendo mi costumbre, su descarga es completamente gratuita y está a disposición de quien lo desee en:

http://www.lulu.com/content/4270118

Aquí los dejo con un texto que describe la obra y que sin decir nada, lo está diciendo todo:

Dedico este relato a todos los enamorados del mundo. No, del mundo no. Yo diría del Cosmos, del Universo todo. Porque ¿quién sabe qué pasa allí fuera? En especial, respecto de los que se aman, que llevan consigo toda la fuerza reveladora del AMOR. Ese AMOR que todo lo puede y nada se guarda. Ese AMOR que no conoce fronteras. Porque no es verdad que el estado de enamoramiento ya no pertenezca a los ancianos, por ejemplo. Y si no, preguntémosles a los "ancianos enamorados".

El AMOR rompe barreras de tamaños, estética, cultura, educación, invalidez...

Dos seres pueden enamorarse por la arrasadora fuerza del amor, cuya energía excede los umbrales de nuestra dimensión físico-material. No resultan necesarios los conocidos sentidos. Sólo se necesita poder llegar a través del alma de nuestro espíritu, hasta la esencia misma de nuestro ser. Y desde el origen de lo que somos, emerger con quien nos acompaña, compartiendo ambos, en cierto modo, nuestra experiencia primaria y única.


Según Arnesto, el protagonista de esta historia y quien la relata, se trata de una historia "real"
. Será el lector el encargado de develar cuál es el sentido que este hombre maduro pero sin experiencia en la vida, ha querido darle al término. Si habrá querido significar que estaremos frente a un relato literalmente "verídico", o se ha querido referir a una "realidad cósmica" perteneciente a otra dimensión y a la que sólo unos pocos tienen acceso.

Volviendo a nuestro limitado mundo, podemos aseverar que se trata de una sátira romántica de carácter místico, con claros ingredientes trágicos que, como ocurre siempre en la vida, saben encontrar una salida airosa que pueda ser que nos deje reflexionando sobre esta cuestión del AMOR durante largo tiempo, después de haber terminado la lectura del libro.

Una novela corta, aguda, que no permite la distracción. Se trata de una tragicomedia que introduce el romance místico entre sus páginas, de manera muy sutil. A pesar de no tratarse de un texto de suspenso, su ritmo lo atrapará. Para finalizar, sólo comentarle que en el momento en que Usted lector, precise tomarse un descanso junto con sus tres protagonistas principales, se estrellará contra el desenlace de la historia.


Cordialmente,

R. S.


septiembre 26, 2008

Un motivo para adelgazar

septiembre 25, 2008

Si sabemos recibir, nos volveremos grandes.


La Naturaleza, muchas veces nos sabe explicar a su manera, como debiera el ser humano comportarse. Nosotros, en vez de intentar escucharla y descifrar sus códigos de sabiduría, la destruimos, sin advertir aún, hasta qué punto nos estamos destruyendo a nosotros mismos.
Transcribo aquí, otro de los valiosos aportes de mi amiga Bet, del blog INSTANTES ETERNOS.
LA GRANDEZA DEL MAR
Sabes por qué el mar
es tan grande?
¿Tan Inmenso?
¿Tan Poderoso?
¿Y por qué tiene la humildad
de colocarse algunos
centímetros abajo de todos
los rios?
Sabiendo recibir,
se volvió grande.
Si quisiera ser el primero,
y estar unos centímetros
encima de todos los rios,
no sería mar, sino una isla.
Toda su agua iría para los
otros y estaría aislado.
La pérdida es
una parte de la vida.
La derrota es
una parte de la vida.
La muerte es
una parte de la vida.
Es imposible que
vivamos sin esto.
Precisamos aprender a perder,
a caer, a errar y a morir.
Imposible ganar sin saber perder.
Imposible andar sin saber caer.
Imposible acertar sin saber errar.
Imposible vivir sin saber vivir.
Si aprendes a perder,
a caer, a errar, nadie
mas te podrá controlar.
Porque lo máximo que te
podrá suceder es caer,
errar y/o perder.
Bien aventurados aquellos
que ya consiguieron recibir
con la misma naturalidad
el ganar o el perder…
...el acierto y el error,
el triunfo y la derrota,
la vida y la muerte.
Un Abrazo para ti
y recuerda siempre
que el Éxito es...
Ser Feliz!!!
El resto es una consecuencia...

Si deseas observar y escuchar las diapositivas originales, no tienes más que presionar sobre el enlace:

Gracias, Bet, una vez más, por tus valiosos aportes.

septiembre 23, 2008

MEDITACIÓN

El Guante Mágico

La visualización aplicada a nuestra salud

Treinta años atrás, mientras realizaba mis primeros estudios y prácticas en meditación, tuve oportunidad de conocer "la técnica del guante". En realidad, luego de recibir las primeras explicaciones del Maestro que impartía las clases, lo primero que se me ocurrió pensar fue que se trataría de alguna broma. Pero ni bien comencé a aplicarla en la práctica, rápidamente se convertiría en una de las primeras sorpresas positivas que el mundo de la meditación me brindaba. Con el tiempo, éstas fueron desapareciendo. Pero esto no ocurrió debido a la ausencia de las mismas, sino al hecho de que poco a poco se iban convirtiendo en la rutina de todos los días.

"La técnica del guante" consiste en un método eficiente, sencillo e inmediato para calmar cualquier tipo de dolor, en especial si éste es superficial (a nivel de piel, musculatura, huesos, dolores de cabeza, cintura, etc.). Ello no significa que no pueda funcionar también, en relación a dolores internos (dolores de estómago, garganta, intestinales, etc.), para lo cual se requerirá una mayor experiencia en la práctica, que permita un estado superior de concentración, o la tendencia natural por parte del meditador que la aplique y predisposición sensitiva por parte de la persona que padece el dolor. Puede ser aplicada en uno mismo tanto como en otra persona. Sus efectos son asombrosos e inmediatos. Vayamos pues a la explicación de la técnica.

Es menester dejar en claro que quien decida aprender "la técnica del guante" deberá previamente haber aprendido en profundidad la visualización que hemos ya visto anteriormente. O en su defecto, pueda manejarse con total dominio de la misma debido a su facilidad innata, como suele ocurrirle a algunas personas.

Técnica del guante

Lo primero que deberemos hacer es abandonar nuestro brazo derecho dejándolo suelto a lo largo del costado de nuestro cuerpo. En el caso de tratarse de una persona zurda, realizará el ejercicio con el brazo izquierdo. De todas maneras, más adelante, con las prácticas y experiencia se podrá utilizar de forma indistinta, uno u otro brazo, o ambos a la vez cuando el caso así lo requiera. Acto seguido, cerramos los ojos y visualizamos la mano de dicho brazo, colocada dentro de un balde conteniendo hielo o en su defecto, una barra de hielo colgando del brazo, estando empotrada nuestra mano dentro. Debemos esperar el tiempo necesario hasta empezar a sentir en nuestra mano algo parecido a los síntomas propios que sufriría nuestra mano, de encontrarse en esa situación real. Es decir, empezaremos a sentir que nuestra mano se inflama, duele por dentro, quema la piel. Si en un principio nos es difícil visualizar esta situación, nos convendrá tomar un cubo de hielo y cerrar el puño de nuestra mano con el mismo dentro hasta empezar a sentir síntomas similares a los descriptos. Luego volvemos a nuestro ejercicio y descubrimos que ya nos resulta más fácil la visualización con su correspondiente influencia sintomatológica.

En el momento que percibimos los descriptos síntomas lo más claramente posible, desplazamos nuestra mano hasta la zona del cuerpo que sufre el dolor, sea que esto ocurre en nuestro propio cuerpo o en el de otra persona. Colocamos suavemente la palma de la mano sobre la superficie con dolor, lo más cercana que podamos pero haciendo hincapié en no tocarla. Dejamos nuestra mano ubicada en ese lugar y posición, no dejando de visualizarla de manera continua, en las mismas condiciones ya vistas y percatándonos de continuar percibiendo aquellos mismos síntomas. Deberemos revisar también, el estado de relajación de todo nuestro cuerpo, puesto que si nos encontramos en tensión, ésta rechazará la producción de energía y su proyección de un lugar a otro.

Tanto en la palma de nuestra mano como en la superficie del dolor, antedicha, se sentirá calor, que puede aumentar su intensidad, variando según la energía que logremos emanar. Existe la posibilidad de sentir otras sensaciones, como pequeños pinchazos, dolor focalizado en algún punto de la palma de nuestra mano, incluso la electrificación momentánea del bello (si lo hubiere) en la superficie que sufre el dolor.

De forma mágica, el dolor irá cediendo, como si se diluyera o evaporara. Si éste es muy persistente, puede ser que se corra de su lugar de origen, moviéndose hasta finalmente desaparecer.

Cuando los dolores son muy intensos, aunque ceden a la técnica, suelen a veces recurrir, volviendo a aparecer a los pocos minutos. Con insistencia y sin mostrar un atisbo de posibilidad de renunciar, deberemos aplicar nuevamente la misma práctica, una y otra vez. Sin ninguna duda, la recurrencia se irá espaciando hasta desaparecer por completo.

Deberemos tener en cuenta que si detrás de los dolores se esconde alguna razón orgánica de peso, el dolor volverá con insistencia y probablemente cada vez con mayor intensidad, debido a que en estos casos el síntoma de dolor estará sirviendo de aviso que nos pone en alarma sobre la existencia de un proceso patológico de mayor o menor importancia y que sin duda requerirá de un tratamiento médico determinado.

Como así también, convendrá ser conscientes de que la presente técnica cumple la función de analgésico y anestésico local natural que nos otorga alivio inmediato y nos proporciona el tiempo necesario para descubrir si se trata de un dolor pasajero sin mayor importancia, o por el contrario, requiere de la asistencia, diagnóstico y posible tratamiento por parte del facultativo médico que corresponda.


SE DEJA EXPRESA CONSTANCIA QUE LOS CONSEJOS SUMINISTRADOS EN ESTE ARTÍCULO ESTÁN DESTINADOS AL PÚBLICO EN GENERAL Y DE NINGUNA MANERA EN FORMA INDIVIDUAL. CADA LECTOR ES ÚNICO Y ABSOLUTO RESPONSABLE DE SU DECISIÓN DE SEGUIR LOS MISMOS LUEGO DE VERIFICAR SU PROPIA SITUACIÓN Y ESTADO DE SALUD Y LA PREVIA CONSULTA CON EL PROFESIONAL FACULTATIVO.

-SE RECOMIENDA LA LECTURA AL PIE DE LA PÁGINA-

Todos los derechos reservados.


septiembre 22, 2008

TAREA CONCLUIDA

Un relato psicológico policial
Cuarta y Última Entrega
Había perdido la costumbre de vernos los cuatro alrededor de la misma mesa, compartiendo una comida. Sucedió el día que Judy cumplió cuatro añitos. Yo me sentía tan extraño e incómodo compartiendo esa mesa, que debí hacer verdaderos esfuerzos para permanecer. Pero lo hice por mi querida hermanita, para que al menos tuviera un festejo especial con su familia, una rica torta con velitas que apagar, aunque era triste comprobar que mi querida Judy no pudiera disfrutar de una fiesta con amiguitos de su edad, globos, juegos y cotillón, como la que había podido disfrutar yo cuando todavía éramos una familia normal.
En un primer momento pensé que el delicado perfume y la vestimenta especial de mi madre se debía a la ocasión. Pero no tardamos todos en comprobar que no era así. Ni bien Judy terminó de vaciar sus débiles pulmones en la última de las velitas, mamá Mariana (era el nombre de mi madre) se levantó de la mesa y con total naturalidad y desparpajo, besó en la mejilla a mi hermana mientras le decía :
- Felicidades, hija - y se despidió de su todavía "marido" y de mí, con cierta simpatía, inusual en ella en los últimos tiempos.
Con timidez y preocupación mi papá preguntó:
- ¿Adónde vas? -
Su pregunta fue continuada por el silencio y una incisiva mirada por parte de ella. Ambos, más elocuentes que cualquier otra respuesta. Y nuevamente la figura de las espaldas de mi madre y un portazo después.
Todo sucedió ese mismo día, como si la Providencia hubiese decidido, justamente ese día, poner fin a una larga situación y echarme encima toda la información que durante tanto tiempo y con tanto ahínco había buscado.
Habíamos terminado de saborear restos de la torta. Indiqué a Judy, como de costumbre, que debíamos cepillar nuestros dientes para mantener la higiene bucal y evitar futuras caries. Yo solía hablarle como a un adulto porque es lo que a ella le gustaba para contrarrestar la relación que tenía con mamá. Mientras estábamos en el baño con nuestros quehaceres, sonó el teléfono. Papá levantó el auricular. Era mi madre diciéndole no sé que cosa. A lo que papá respondió:
- ¿¡Qué!? ¿¡Robirosa!? ¡Voy ya mismo para allí! -
Mi corazón no latía, galopaba, aumentando su velocidad por segundo. Yo sólo pretendía que me brindara el tiempo suficiente para hacer lo que debía, antes que decidiera estallar. No podía perder esa oportunidad. Yo no conocía el domicilio de Robirosa. Lo único que tenía que hacer era seguir a papá y poner fin a a la situación. Mi madre ya no podría continuar teniéndonos en jaque. Ese mismo día se terminaría todo para siempre.
Debí llevar una vez más a Judy, a lo de Carmen, la vecina; lo que había estado haciendo bastante asiduamente debido a la función de espía que me había autoimpuesto y que hasta el momento había resultado un verdadero fracaso. Mi hermanita hizo puchero mirándome con tristeza, pero resignada, entró en la casa de Carmen. Le di un beso, prometiéndole que esa sería la última vez, agradecí una vez más a mi vecina y desaparecí.
Entré rápidamente en la casa, fui directo a la cocina, guardé un cuchillo en mi espalda, dentro de la ropa, lo disimulé bien para que no se notara y me fui en busca de mi padre para poder seguirlo hasta lo de Robirosa.
Lo vi en la esquina deteniendo un taxi. Mi madre se había llevado nuevamente el único Fiat de la familia, como de costumbre. Mi vista buscaba con desesperación que apareciera otro taxi. Y que estuviera "libre". Si el que llevaba a mi padre desaparecía de mi vista, yo estaría perdido. Lo vi subiendo al vehículo y alejándose. Pero al llegar a la esquina, el semáforo se confraternizó conmigo, mostrando una luz roja y redonda que me devolvió las esperanzas.
Finalmente subí a un taxi que se desocupaba a unos metros de donde estaba parado yo. Impaciente y nervioso esperé que la muchacha que venía dentro abonara su tarifa, mientras el de mi padre comenzaba a girar a la derecha ante la aparición de la luz verde. Yo ya estaba sentado en la parte de atrás del coche mientras la joven continuaba buscando billetes y monedas para completar su pago. Le insinué a ella y al conductor que estaba realmente apurado y que yo pagaría la diferencia que le faltaba abonar a la muchacha. Ante el asombro de ambos, cerré la puerta con brusquedad y le pedí al conductor que girara a la derecha y siguiera al taxi que llevaba a mi padre, sin correr el riesgo de perderlo de vista, pero a la vez, sin acercarse demasiado.
Observándome a través del espejo retrovisor con mirada sospechosa, el conductor quiso saber si no lo metería en líos. Le aseguré sin titubear que no corría ningún riesgo en absoluto y que de todas maneras le abonaría el doble del costo del viaje.
El hombre hizo un trabajo profesional. Se acercaba y alejaba según las circunstancias, evitando el ser descubiertos y a la vez asegurándonos no perderlos de vista. Fueron quince minutos de angustioso viaje para mí. Pero mi desconcierto fue mucho mayor cuando nos acercábamos al domicilio de Robirosa. Un edificio alto, lujoso, con un impresionante lobby rodeado de arreglos florales, ubicado en la zona de Belgrano y con un encargado uniformado en la entrada. Vi a mi padre saliendo lentamente del coche. Nunca la había visto antes a mi madre llorar. Llevaba un pañuelo en la mano. Se abrazaron. Descendí del taxi y frente a la ventanilla del conductor, extraje dinero de mi bolsillo. Empecé a poner billetes sobre la mano del taxista sin poder quitar mi vista de mis padres. Hasta que el hombre dijo que era suficiente. Le di las gracias y me retiré sin saber siquiera cuánto me había costado el viaje. Me fui acercando lentamente, como quien está por ingresar en una zona de peligro. A sólo unos metros de distancia, una ambulancia esperaba, con su faro intermitente funcionando. Mis padres me miraron sorprendidos.
- ¿Qué haces aquí, hijo? - me preguntó mamá, mientras secaba sus lágrimas y sonreía con un dejo de tristeza. Su tono se escuchaba distinto. No supe que contestar. Y tampoco fue necesario que lo hiciera.
Dos hombres de guardapolvo blanco traían una camilla con un cuerpo tapado por una sábana. Lo introdujeron en la ambulancia.
- Es mi psicólogo - me dijo mamá. Y agregó: - ...un ataque cardíaco... - y se volvió a abrazar con papá.
Esbocé una sonrisa insegura de sí misma: - me voy a casa – dije – Judy me está esperando en lo de Carmen – Me di media vuelta y empecé a caminar.
- Nosotros también vamos a casa – se la escuchó a mamá.
- Ven en el coche con nosotros – dijo papá.
- No, prefiero caminar... – contesté, mientras me alejaba mostrándoles esta vez yo a ellos, mi espalda, donde llevaba el cuchillo que debería regresar al lugar de donde lo había obtenido.
Luego, cuando la calma fue volviendo al hogar, me enteré por papá, que no pudo continuar callándolo, que los problemas con mamá empezaron cuando el cometió una estafa muy grande en perjuicio de José, su socio y amigo del alma, debido a los problemas económicos que estaba afrontando nuestra familia. José nunca se enteró de la trastada hecha por su amigo, pero a papá le costó ir resintiendo las relaciones con mamá, la que debió empezar un intensivo tratamiento de psicoterapia con el Dr. Robirosa.
No es fácil entender la mente de la gente, por más allegada que ésta sea a nosotros. Tampoco resulta fácil entendernos a nosotros mismos. El ser humano es un enorme cúmulo de imprevisibilidades. Sólo podemos estar seguros de una cosa:
Quien está dentro nuestro nunca nos dejará saber con total seguridad, de cómo vamos a reaccionar frente a las diferentes situaciones a lo largo de nuestras vidas. No juguemos ninguna carta a nosotros mismos... porque podemos perder.
Fueron transcurriendo los días, las semanas, los meses... y mi familia fue lentamente reacomodándose a lo que había sido. Para bien o para mal, el embarazo de mi madre no prosperó. Tuvo complicaciones, quizás por la edad o por las excesivas tensiones vividas en aquella época, y debió abortar. Pero juraría que ahora mis padres se quieren más que antes. Mi padre recuperó su seguridad. Hasta mi hermana Judy se hizo toda una señorita. Creció, hizo buenas amistades, se puso de novia, fue buena estudiante y luego se casó. Pareciera como si los traumáticos hechos ocurridos durante su temprana infancia no la hubiesen afectado, salvo por aquellos ataques de asma que no querían abandonarla. No sé. O quizás al resto de mi familia, los hechos los afecten más tarde. O de otra manera. Porque a mí sí me afectaron cambiando mi vida por completo. Diez años después, a los veintiocho años de edad, me casé muy enamorado. Pasamos una hermosa luna de miel donde mi mujer quedó embarazada. Pero a nuestra vuelta, en un arrebato de celos, convencido de que ella me era infiel y de que el crío por nacer pertenecía a otro, la maté a puñaladas en el vientre. Por supuesto que no me había sido nunca infiel, pero sólo después pude saber que también había asesinado a mi hijo primogénito.
El doctor Warren, psiquiatra aquí en el Penal, me dice que es la "tarea concluida". El dice que los padecimientos que debí sufrir con lo ocurrido durante mis 17 años de edad, crearon una reacción interna en mí, a punto de concretarse y que al ser interrumpida dicha reacción quedando inconclusa por factores externos, quedó instalado dentro mío el bicho de la actitud reprimida, preparado para actuar cuando la oportunidad se presentara y las condiciones adecuadas se volvieran a repetir.
Mis padres me visitan todos los domingos. En especial mi madre. Ella no hace más que llorar y me repite una y otra vez, que hubiese preferido que Robirosa no se muriera, para que yo pudiera terminar mi tarea antes.


septiembre 21, 2008

La poesía de las finanzas

Hoy he recibido del Profesor Ernesto Kahan, Facultad de Medicina, Universidad de Tel Aviv, Israel, Presidente de AIELC; asociación a la que pertenezco en calidad de miembro, un poema sobre la crisis financiera, escrito por el renombrado escritor José Muchnik.

Se trata del extracto de una poesía escrita por su autor hace ya quince años, titulada:

« Bancos » y extraída del libro "Proposición poética para anular la deuda exterior", (1993, ed. bilingüe, L'Harmattan Paris).

José Muchnik ha decidido exhumar dicha poesía (según sus propias palabras), en virtud de los recientes acontecimientos acaecidos en Wallstreet, permitiéndonos reflexionar sobre el tema desde el ángulo literario de la poesía.

He querido compartir estas estrofas con Ustedes.

La versión completa del libro podrá encontrarse en:

www.paginadepoesia.com.ar

R. S.

BANCOS

I Formas y Contenidos

Principio del conocimiento :

Atravesar alcauciles a preguntas

hasta entender

¿Porqué el corazón más tierno

encierra la amargura?

¿Porqué las durezas

progresan hacia las puntas?

¿Y las puntas ?...

...

¿Quién las reunió en coronas

saciando cabezas

de alcauciles o reinas inglesas?

- Poeta

-¿Porqué has hablado de bancos?

[...]

Principio de los principios:

Arrancar manzanas a dientes

hasta desangrar

Arbol nuestro que estás en los sueños

¿Hay enigma en esta tierra ?

¿Oculta mariposas el vientre de la serpiente?

Respondan

Babosas creyentes acechan

ya no pueden las dudas

tomar sol en pleno día

- Poeta

-¿Porqué has hablado de bancos?

Para interrogar las formas

Mirad las nubes

Aquellas formando mi padre

Pensé que tal vez en el cielo

jugábamos la próxima partida

Esta vez no me equivocaré

sacrificio de torre en la séptima jugada

(fue un error el enroque)

[...]

Poeta

-¿Porqué has hablado de bancos?

Ya recuerdo

Para interrogar las formas

Si trocamos

giratorias puertas

arrojando clientes

al centro del ruedo

Por pérgolas tejidas

con las primeras viñas

¿Las tasas de interés

reposarán a la sombra?

Si olvidamos

Billetes de próceres manoseados

Chequeras con firmas firuletes

o electrónicas cartas

abracadabra yastalaplata

Si inventamos

Un oro nuevo

Un oro sin pecado concebido

Un oro no duro

no eterno

no brillante

Un oro simple

para soportar codicias

Un oro bueno

para calmar llagas

Un oro sabio

para sosegar odios

Si el oro cambia de ropaje

Si las formas se sublevan

¿Caerán desnudos los contenidos?

¿Podrán entonces los bancos

preguntar por sus funciones?

2 Funciones

Cuando las espadas temblaron

con la última ilusión de la cabeza

sobre barro recuperando

la sangre que era suya

Cuando la copa ya seca

olvidada al borde de la época

se irguió con orgullo

como si le quedase juventud para los labios

Cuando la vela apagada

caminó tropezando

con miradas aún ciertas

que antaño se alumbraron

Cuando las cosas perdidas

interrogaron los sentidos

¿Yo para decapitar?

¿Yo para beber?

¿Yo para alumbrar?

Funciones

¿O señales del juego?

¿Cruces para rogar?

¿Sonrisas para mentir?

¿Horizontes para quemar?

¿Tumbas para volver?

Funciones

Formas

Contenidos

Sólo niños

mayores que una duda

o ancianos

menores que la apariencia

pueden abarcar

el pezón de la primera madre

y comprobar la dimensión del manantial

Bancos para contar

historias de hadas y duendes buenos

Dando a las niñas pobres

zapatitos recién nacidos

o vestiditos recién deseados

Dando a las niñas ricas

príncipes mendigos

o principios bondadosos

Bancos para contar

Los pulsos por minuto

de escuálidos paisitos

con vómitos escasos

en un ángulo del informe

¿Bancos para contar?

¿O bancos para ejecutar?

Hipotecas vencidas

del que no pudo pagar

y mira reflejado

el dolor en sus hijos

Odio contenido

del que no supo firmar

perdiendo sus tierras

y la raíz de los huesos

O colchones tirados

que no saben ocultar

su humillación abierta en la vereda

¿Bancos para ejecutar?

¿O bancos para asegurar?

Las piernas del wing derecho

Los cochesitos chocadores

O la fidelidad del confort

en vidas de frecuencia modulada

Contar.Ejecutar.Asegurar

¿Almidonar?¿Desconocer?¿Disimular?

¿Bancos?

¿Templos?

¿Constelación de profanadas sucursales?

¿Metáforas contables?

¿O ambiciones giratorias

que seguirán hojeando

el libro mayor de los humanos

hasta el día de los balances?

José Muchnik

(extraído de “Proposición poética para anular la deuda exterior”,

1993, ed. bilingüe, L’Harmattan Paris)

josemuchnik@gmail.com

Hecha la ley, hecha la trampa

septiembre 19, 2008

TAREA CONCLUIDA Tercera Entrega

Un relato psicológico policial
Me sentía raro, cada vez más. Como si alguien distinto de mí habitara mi cuerpo. Pensé, que luego de enterarme de lo de mi madre, estaría destrozado. Sin embargo, había estado en peor situación cuando todavía no sabía lo que sucedía. Era como haber caído hasta el fondo y sentir la tranquilidad de no poder caer más abajo aún. Esa estabilidad que nos produce el saber que podemos empezar a controlar la situación. Estaba completamente decidido, aunque sabía que quizás, pasaría el resto de mis días en prisión.
De pronto, unos días después, mis padres no aparecían por ninguna parte. Como si Judy y yo hubiésemos quedado huérfanos, de repente y sin enterarnos. Pienso que eso no hubiese estado del todo mal. Los llamé a sus celulares. Tampoco respondían. Me habían llamado del jardín de infantes de mi hermanita, preguntándome si alguien de la familia la había retirado sin avisar. Grité un ¡NOOOOOOOOO! que la directora de la institución hubiese escuchado aun sin estar en la línea. Corrí hacia el lugar, que se encontraba a doscientos metros de casa. Me encontré con un panorama agobiante. Todo el personal buscándola por todos los rincones y en los jardines. Judy no aparecía. Amenacé a la directora con avisar a la policía si mi hermana no aparecía en la próxima media hora y con matarla con mis propias manos si le pasaba algo. Temblando como una hoja, ella misma decidió en aquel momento, levantar el auricular y dar aviso a las autoridades policiales.
Me fui apurado de allí, a buscarla, no sabía dónde, mientras marcaba con insistencia, una y otra vez los números de los celulares de mis padres. Hasta que sucedió. Un rayo de luz, de aquellos que aparecen contadas veces durante nuestras vidas. Algunas personas no los reciben nunca. Cuando aparecen, lo hacen en momentos extremos en que a nuestra mente le urge conectarse con la realidad desnuda, totalmente desprovista de los aditamentos de nuestra vida terrenal. Así es como recordé, dos semanas atrás, lo ocurrido mientras le leía un cuento a mi hermanita, ella ya en la cama, para que se durmiera. De fondo, ambos escuchábamos, deseando permanecer indiferentes, la primera verdadera trifulca entre mis padres, capaz de aturdir hasta a un sordomudo de nacimiento con la intensidad de aquellos gritos. Lentamente, mi padre había sido seducido hacia el mundo de la incomprensión y el griterío.
Judy hizo una mueca de dolor y acto seguido, rompió en un llanto compulsivo que pronosticaba no detenerse nunca más.
- ¡Quiero ir a la cueva de Javier! ¡Quiero ir a la cueva de Javier! ¡Quiero ir a la cueva de Javier! - repetía entre sollozos, mientras frotaba con insistencia sus rojas mejillas intentando sin éxito secar lágrimas que parecían vaticinar su permanencia eterna.
Justo en ese preciso momento le leía a mi hermanita un pasaje del cuento que relataba la huída de la casa, de un niño de nombre Javier, hacia una cueva que poseía en el monte, para los casos en que la incomprensión de este mundo lo obligara a buscar la soledad y donde mágicamente había encontrado seres imaginarios que siempre lo comprendían y escuchaban. Pero Judy no conocía ninguna cueva y no teníamos ningún monte cerca. Fue entonces cuando apareció este rayo de luz que permitió que mi hermanita me dijera lo que no me había dicho.
Corrí desesperado hasta el lugar, un terreno baldío, sucio y abandonado. Pilas de escombros acumulados al pie de una de las paredes enmohecidas, semi derruida, de una antigua casa que se había derrumbado. Del otro lado de lo que quedaba de aquella pared, un pozo de un metro de diámetro, apenas cubierto con algunos tablones de madera, escondía en su desconocida profundidad, vaya a saber qué peligros. Un discreto cartel de chapa oxidada, colgado improvisadamente de uno de los tablones, llevaba escrito a mano, con una pintura de color amarillo: ¡CUIDADO! CUEVA PELIGROSA. Una vez, una sola vez había estado en ese espantoso lugar con mi hermana Judy. Estábamos paseando y ella insistió tanto en entrar que no le pude decir que no. Estuvimos apenas un minuto porque todo allí era un asco. Pero en aquellos segundos que nos detuvimos frente al pozo con el cartel, ella me preguntó qué era eso. Tuve la desgraciada idea de leer el cartel e insinuarle que era una cueva como la de Javier, aludiendo al cuento que ya me había pedido leerle tres veces de tanto que le gustaba.
Dos unidades móviles de la policía, una ambulancia, periodistas sacando fotos y haciendo preguntas y hasta un canal de televisión llegaron al lugar. Luego de unos minutos, la policía hizo venir a los bomberos y una escuadra de salvamento. Después de casi dos horas lograron extraerla. No pude reconocerla, no se veía que fuera ella de tan sucia y cubierta de lodo que estaba. Me miró, quise abrazarla pero no me dejaron. En una pequeña camilla la llevaron dentro de la ambulancia, le practicaron las revisaciones rutinarias, le hicieron inhalaciones para aliviar su asma y todo volvía lentamente a la normalidad. No parecía tener huesos rotos ni ningún otro tipo de lesión interna. Llegaron mis padres, casi corriendo. Mi madre me preguntó qué había sucedido y sin esperar de mí respuesta alguna, me recriminó el haber descuidado a mi hermana. Luego de escucharse un: ¡Hijita queridaaa!, en un tono muy elevado, se abrieron sus brazos para abrazar a Judy, cuyo rostro permanecía indiferente, pero se dejaba. Papá, detrás de ella, me miraba. Y yo, con insistencia, no hacía más que observar el vientre de mi madre.
En el hospital, le hicieron los exámenes médicos acostumbrados en estos casos y fue dada de alta el mismo día. Todos estábamos nuevamente en casa, para continuar sufriendo atrapados en pozos mucho más profundos y heridas internas muy difíciles de sanar. (Continuará...)

septiembre 18, 2008

El Escondite Perfecto


En el principio de los tiempos, se reunieron varios

demonios para hacer una travesura.

Uno de ellos dijo:

"Debemos quitarles algo a los humanos, pero,

¿qué les quitamos?".

Después de mucho pensar uno dijo:

"¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad,

pero el problema va a ser dónde esconderla

para que no la puedan encontrar"

Propuso el primero:

"Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo"

....a lo que inmediatamente repuso otro:

"no, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien

puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno,

ya todos sabrán donde está".

Luego propuso otro:

"Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar“

y otro contestó:

"No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien

construirá algún aparato para poder bajar

y entonces la encontrará".

Uno más dijo:

"Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra".

Y le dijeron:

"No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a

construir una nave en la que pueda viajar a otros

planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán

felicidad".

El último de ellos era un demonio que había permanecido

en silencio escuchando atentamente cada una de las

propuestas de los demás.

Analizó cada una de ellas y entonces dijo:

"Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca

la encuentren".

Todos voltearon asombrados y preguntaron al mismo tiempo:

"¿Dónde?".

El demonio respondió: . . . .

"La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan

ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán".

Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así:

El humano se pasa la vida buscando la felicidad sin saber

que la trae consigo”.


Presionando sobre el enlace podrás acceder a las diapositivas originales:

http://mail.google.com/mail/?ui=2&ik=7eec1e7c43&realattid=f_fl95u6b30&attid=0.1&disp=attd&view=att&th=11c74bb02ebdea59


Gracias, Bet, por tan bello y reflexivo aporte.

http://eternosinstantes.blogspot.com

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