LIBRO ABIERTO: 11 de septiembre (relato de ficción)
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* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).

* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).

* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".

Mención de honor en el OCTAVO CERTAMEN NACIONAL Y TERCERO INTERNACIONAL DE CUENTO Y POESÍA JUNINPAIS2009 (Argentina), obtenida con el cuento "Viaje fantástico al bosque encantado".


Mención de Honor "Voz Hispana" otorgada por Ediciones Independientes MAR EN PROA (México), en calidad de finalista del Concurso de Cuento Breve, con "Dimensiones amorosas" y coautor de la Antología correspondiente.

Distinción recibida de C.I.C.L.A., Centro Israelí para las Comunidades Iberoamericanas, en la Universidad Hebrea de Jerusalém.

Uno de los ganadores del Concurso Internacional de Relato Latin Heritage Foundation, con el relato titulado: "Godo".

Dirección de correo electrónico personal del autor:

rudyspillman@gmail.com


Especial diseño del presente blog para teléfonos celulares

septiembre 11, 2009

11 de septiembre (relato de ficción)

En homenaje a todas las víctimas del atentado terrorista perpetrado el 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos de América.

11 de septiembre


El siguiente relato es de ficción, a menos que su autor haya podido soñar con una historia sucedida en nuestra diaria realidad y no lo sepa.

Christie era una niña dulce y buena. Única hija, vivía con sus padres, Jeremy y Rosie Murdock, en New Jersey, U.S.A. Creció con un don que no era de especial satisfacción de nadie en la familia. Y con el paso de los años, tampoco de ella misma. Al tomar conciencia de lo que le sucedía empezó a avergonzarse, a sentirse culpable. Al punto de llegar a odiar esa habilidad que Dios, la Naturaleza o vaya a saber quién le había otorgado. Poco a poco fue tornándose en su mayor complejo y lo único que generaba el sentimiento de odio en Christie. Por supuesto, hacia el mismo don que había recibido puesto que en relación con la gente la niña sólo tenía amor y buenos sentimientos.
Los padres preocupados la llevaron a cuanto médico, psicólogo, psiquiatra y curandero pudiera hacer algo por ella. Visitaron consejeros espirituales, parapsicólogos, pronosticadores del futuro e incluso un médium. Nada los frenaba en el intento por ayudar a su hija. Pero no hubo nadie que pudiera hacer nada. Sólo promesas cuya falsedad con o sin intención quedaba expuesta cuando la extraña habilidad volvía a aparecer en Christie. Una vez más había sido dinero invertido para recibir una nueva frustración. La culpa se había instalado como huésped permanente en la niña y crecía con ella por ver arruinada también la situación económica de la familia debido a su problema.
Christie contaba con dieciocho años ya. Los padres habían debido vender el coche y la casa pues profesionales en la materia les habían insinuado que la adolescente corría riesgo de perder la cordura si su don continuaba manifestándose. Solía despertar a veces en medio de la noche. Sus incontenibles alaridos de desesperación despertaban también a los vecinos que intentaban ser comprensivos de la situación. En medio de sus ataques, como poseída por el demonio, Christie se arrancaba mechones de su propio cabello, se arañaba, vomitaba. Hasta que despertaba logrando salir lentamente del trance. Sentada en la cama, agotada, sudando, con el blanco de sus ojos repleto de hilos rojos mirando hacia el infinito y sin ver nada, pronunciaba un nombre. Siempre el nombre de alguien que acababa de morir y sobre cuya muerte todavía nadie sabía nada. En los casos en que el evento había tomado lugar en relación a algún familiar cercano, el dolor, impotencia y sentimiento de culpa de la niña se veían considerablemente incrementados. En estos casos, el trauma familiar se tornaba indescriptible y todos sentían que perdían su capacidad de manejar la situación que les tocaba vivir.

La primera vez que se evidenció el don en Christie la niña contaba con apenas cuatro años de edad. Pero en esa oportunidad no habían aparecido ninguno de los síntomas que luego, de más adulta empezaron a tomar lugar durante sus extrañas pesadillas. Aquella primera vez despertó llorando como cualquier niño. Pero una vez calmada su angustia por Rosie, su madre, la niña empezó a repetir el nombre de la tía (hermana de la madre) que los solía visitar casi diariamente:
- ¡Amie! ¡Amie! ¡Amie! ¡Amie! – es todo lo que la niña repetía una y otra vez.
- Cálmate, hija querida, tu tía está en camino para aquí. ¿Has soñado con ella, mi niña? – le había preguntado la madre mientras acariciaba sus cabellos y la abrazaba.
La niña no dejaba de repetir en aquella oportunidad:
- ¡Amie! ¡Amie! ¡Amie! ¡Amie! – mientras su llanto se hacía cada vez más consistente.
Efectivamente, la tía estaba en camino y acababa de ser mortalmente arrollada por un camión. Así fueron los comienzos de este nefasto don con el que Christie parecía haber nacido.

Jeff Parker era un exitoso empresario del mundo inmobiliario, agente de bolsa y de aduanas, con importantes y sólidos contactos que le permitían incrementar su poderoso imperio económico día a día. Ni él mismo sabía lo que poseía. Su relación con Jonathan, el mayor de sus dos hijos no era nada buena. Es ya sabido que en muchos casos las montañas de dinero separan a los padres de los hijos. Jonathan había recibido todo durante sus jóvenes veinte años excepto amor y tiempo compartido con sus progenitores. Asistía tres veces por semana a lo del Dr. Dick Harlington, psiquiatra que amén de enviar una abultada factura mensual a Jeff Parker, no lograba hacer avanzar a su joven paciente en la solución de sus conflictos y relaciones. Pero de la terapia se obtenían dos cosas. Por una parte, Jeff creía limpiar un poco su conciencia por medio del voluminoso cheque mensual enviado al destacado profesional y por la otra, Jonathan veía apaciguar sus ataques de furia contra el padre quitándole todo el dinero que podía puesto que el tiempo era un valor caído en bancarrota en la familia, desde sus orígenes.
Fue en una de esas lluviosas tardes de Nueva York que se conocieron. Jonathan salía del lujoso edificio cercano al Central Park donde se hallaba ubicado el consultorio de su psiquiatra cuando vio ingresar a la bella Christie, la que no pareció reparar en él. El flechazo en aquel momento fue tal que Jonathan Parker decidió abandonar sus desocupadas ocupaciones y esperar los cincuenta minutos que él sabía que demoraría la desconocida muchacha en salir. Aquel día la lluvia cesó, las oscuras nubes se disiparon y la repentina claridad del día puso color a esa incipiente relación que nacía de la charla, la compañía y la comprensión.
El repentino casamiento de Christie y Jonathan puso calma a la vapuleada situación
económica de los Murdock. Aunque no había habido ninguna intención en ello, lo cierto es que Christie vio aminorado su sentimiento de culpa aunque vivía pendiente de sus accesos sabiendo que si estos se presentaran significaría que alguna persona más o menos allegada habría muerto en las últimas horas. Jonathan conocía la extraña historia y se mantenía un tanto escéptico a creerla aunque no lo expresara a Christie por no herir sus sentimientos y que no se sintiera incomprendida. La sana y creciente relación de amor entre ambos había influido milagrosamente en mejorar las relaciones entre Jonathan y su padre.
Los primeros dos años transcurrieron sin muertes cercanas ni pesadillas que las descubrieran. Jonathan trabajaba en las oficinas del padre. Una tarde, al llegar de regreso a la casa se enteró de que su esposa estaba embarazada. Ambos lloraron de alegría pues hacía tiempo que buscaban ser padres. En el mismo momento que Christie se dirigía hacia el teléfono eufórica para hacer partícipes a los suyos de su alegría, éste sonó antes de que llegara a levantar el tubo. Era Rosie, la madre, llorando desconsolada. El marido acababa de fallecer víctima de un repentino paro cardíaco.
Christie debió pasar de un estado anímico a otro opuesto contando con el solo consuelo de su pareja que allí estaba para abrazarla y contenerla. Pero entre sus brazos ella no pudo evitar el pensar que quizás su tétrica habilidad había desaparecido para siempre. Y la idea en cierto modo le alegró el alma aunque supiera que ante los ojos de Jonathan y su familia ese don quizás nunca había existido más que en sus fantasías y las de los suyos.
Manejar los sentimientos de alegría y tristeza instalados en su alma de manera simultánea no fue tarea sencilla para Christie. Pero no cabía duda que el transcurso de los días y las semanas sintiendo crecer ese nuevo ser en su vientre y comprobar que ninguna pesadilla se había manifestado corroborando la muerte del padre ayudaba a la futura mamá a sobrellevar la pérdida que tanto dolor le ocasionaba y guardar una agradable memoria de su progenitor.
Corría el mes de septiembre. Quedaban apenas dos meses para el alumbramiento de Christie. Ella se encontraba pesada pero en perfecto estado de salud cuando sucedió. Luego de almorzar en su casa con la madre que se encontraba acompañándola tuvo un irresistible deseo de dormir la siesta y así lo hizo. De pronto, una hora después, Rosie empezó a escuchar los alaridos desde la cocina. Hacía años que no los escuchaban. Sintió que su corazón se detenía. Pero luego vino lo peor, los gritos de la hija anunciando un nombre, una nueva víctima:
- ¡Jonathan! ¡Jonathan! ¡Jonathan! ¡Jonathan! -
Christie no había salido aún de su trance cuando la madre irrumpió en un espasmódico e incontenible llanto mientras escondía su mojado rostro detrás de las manos.
Con algunos cabellos aún enredados entre los dedos de sus manos, tomándose con cuidado su inmenso abdomen para incorporarse de la cama, Christie se dirigió desesperada y con dificultad hasta el aparato de teléfono y alcanzó a marcar el número de las oficinas donde se suponía que debía estar trabajando su marido:
- ¡Hola! ¡Hola! ¡Por favor, conteste! - la ansiedad y desesperación por comprobar lo peor le impedía a Christie esperar.
- Hola mi amor... ¿Pero qué te sucede? ¿Tienes contracciones? – la ingenuidad de Jonathan no le dejaba conocer de inmediato el verdadero motivo del llamado de su mujer. Christie lloraba en silencio y acariciando con suavidad su vientre le comunicaba a su hijo, en voz calma y baja, que no había quedado huérfano.
- ¿Pero porqué lloras así, mujer? – la intranquilidad por no saber crecía en Jonathan.
- De felicidad, mi amor... de felicidad... – la distendida y amplia sonrisa de Christie no se correspondía con su rostro empapado en lágrimas.
Una vez relajados ambos, Christe relató los pormenores de todo lo sucedido a Jonathan y su feliz sorpresa final. Era la primera vez que soñaba con un nombre que no anunciaba su muerte acaecida. Pero el evento, la pesadilla con todos sus síntomas había tomado lugar de igual manera. Ello podía significar que por primera vez la pesadilla estuviera anticipando la muerte en vez de anunciarla luego de ocurrida.
La desesperación empezó a crecer nuevamente en ella en virtud de esta especulación. El temor a que aconteciera lo de siempre sin poder hacer nada por evitarlo.
- Quédate tranquila, mujer. Esto prueba que todo ha terminado ya. Que tu habilidad ha desaparecido para siempre. Guardo unos papeles y voy para allí a hacerte unos mimos, mi amor – el cariñoso marido había terminado su jornada de trabajo y se disponía a levantar el ánimo de su mujer.
- ¡No! ¡No, por favor... no te muevas de allí! Jonathan, debes pasar la noche en las oficinas y no salir durante todo el día de mañana. Ni siquiera para tomar un café. Sólo así podremos estar seguros – Christie temía que durante las próximas veinticuatro horas al marido le ocurriera cualquier accidente y que el maleficio volviera a tomar lugar. Jonathan sonrió. No le hacía ninguna gracia pasar toda la noche en las oficinas por más confortables que éstas pudieran ser. Pero no se animaba a contradecir a Christie. La amaba y deseaba que ella se sintiera bien y tranquila. Y que la última pesadilla terminara lo antes posible. Charlaron por teléfono hasta altas horas de la noche. Se enviaron mutuos e interminables besos de amor, se dijeron que se extrañaban. Pasarían ambos su primera noche separados desde que habían contraído matrimonio. Cuando decidieron colgar el teléfono porque el sueño los vencía se prometieron amor eterno y festejar el fin de esas pesadillas al otro día. Era ya después de medianoche, el 11 de septiembre del año 2001. Las oficinas del marido de Christie estaban ubicadas en la Torre Norte del World Trade Center en Nueva York.

(Podrás encontrar la misma versión del precedente relato, en idioma inglés, en Scrib.com, como asimismo su original en español)

19 comments:

DE INTERES dijo...

Uff Rudy, que buen relato, estoy impresionada.Un don tan doloroso.cuando empece a leer saque la cuenta 2001-2009. han sido 8 años qeu han pasado volando, pareceria que fue ayer. Aspi como la vida se ha escapado a los mencionados, al despertar, todo puede pasar en un momento. Realmente no sabemos, cuando sera ultima vez que demos las buenas noches a una persona,...la vida se escapa en un momento, como ocurrio a tantas personas el 11 de septiembre. Un fuerte abrazo

Nelson Diaz dijo...

Un homenaje al recuerdo de tantas vidas injustamente perdidas, tantas historias trágicas la mayoría, muy afortunadas otras tantas, insólitas las otras... Gracias, mi buen amigo, siempre compartiendo recursos valiosos en verdad.
Un cordial y respetuoso abrazo desde Venezuela.

Rick Blaine dijo...

Gracias una vez mas por compartir con todos nosotros una maravilla de realato como el que nos traes hoy.
Relato que como los buenos libros cuando empiezas a leerlo no puedes parar hasta terminarlo. Bonito homenaje el que le haces a todas las victimas del salvaje atentado.

Un saludo amigo.

Juanjo dijo...

El relato es estremecedor.

Respecto a la masacre, fue horrible y sólo espero que no se vuelva a repetir nunca y en ningún lugar.

Saludos.

Rudy Spillman dijo...

"La vida se escapa en un momento", me gusta tu reflexión, R.C. Tengo preparada una "fodixión" en relación a la misma que publicaré en los próximos días.


Nelson, cada vez que observo esas dramáticas imágenes de la gente arrojándose entre el fuego y la humareda se me detiene el corazón intemporalmente.


Mi intención, Rick, un poco, es trasmitir el impacto y dolor personal a través de mi humilde literatura.


Juanjo, desde aquel triste momento, aunque no se manifieste diariamente y en todos los ámbitos, vivimos en una especie de tensión a partir de la cual unos pocos intentan hacer mucho daño y las mayorías, neutralizarlo.

Gracias a todos por compartir este sentido homenaje conmigo.

Aaron dijo...

Es un magnífico relato. Nunca se pierde la sensacion de que esta vivo y que adquiere una energia propia. Me encantan ese tipo de historias que se confunden con la realidad; o que pueden ayudarnos a comprender de una manera diferente y muy creativa lo que ha ocurrido.

Gracias por compartirla
Un abrazo.

Marco Alberca Ruiz dijo...

Un increíble relato en homenaje a tan trágico evento sucedido hace años, gracias por compartirlo. Un abrazo, Rudy.

Clara dijo...

Gracias¡ es un relato que conmueve.Todos los dones del mundo no sirven para proteger un genocidio como ese.. Un abrazo

rosscanaria dijo...

Gracias Rudy por este maravilloso relato, yo tampoo olvido nunca las imágenes del avión estrellándose con la torre y la gente tirándose por las ventanas, fue realmente horroroso, indescriptible.
Un beso Rudy, Ross

Edda dijo...

Me dejas impresionada con tu extraordinario relato, como siempre.
De aquel día recuerdo muchas cosas pero el primer sentimiento en la radio (donde entonces trabajaba) era de un montaje, no podía ser real, y me costó mucho digerir lo sucedido. Como siempre, la realidad supera la ficción, como en tu relato.
Gracias Rudy.
Un abrazo y buen fin de semana.

MALINA dijo...

aggg... y yo me he quedado con las ganas de leer el resto! y no "sepo" donde seguir leyendo el relato.

Con eso te digo 2 cosas: 1. muy bueno el relato (fuera aparte del recuerdo de la tragédia y 2. quiero la continuación.

Besossssss

Rudy Spillman dijo...

Gracias, Aaron, me alegra que lo hayas sabido interpretar.


Marco, el agradecido soy yo hacia todos ustedes lectores que comparten su tiempo conmigo.


Clara, a veces al leer vuestros comentarios pareciera que supieran desnudar mi alma.


Gracias a ti, Ross, que con tu constante empatía, de amor lo inundas todo.


Gracias, querida Edda, por traernos tus tristes experiencias en aquellos momentos.


Malina, querida amiga, me entristece un poco no poder complacerte. El relato finaliza aquí. Lo único que puedo sugerirte es lo que suelo hacer yo en circunstancias similares: cuando me quedo con ganas de más lo continúo por mí mismo.
Un abrazo.

MALINA dijo...

snif... es que leí que se podía leer la continuación en Scribb. Malote!

Mira:

Era ya después de medianoche, el 11 de septiembre del año 2001. Las oficinas del marido de Christie estaban ubicadas en la Torre Norte del World Trade Center en Nueva York.

(Podrás encontrar la versión completa del precedente relato, en idioma inglés, en Scrib.com, como asimismo su original en español)

Rudy Spillman dijo...

Tienes razón, Malina, no me expresé correctamente y esto da lugar a una doble interpretación. Quise decir que la misma versión completa que aquí he publicado se encuentra en idioma inglés. Pero ya mismo voy a corregirlo.
En cuanto a la decepción que te he causado te enviaré un regalito muy especial por correo privado. Creo que te gustará.
Besos y recibe mis disculpas nuevamente.

MALINA dijo...

nada que disculpar amigo mio!
un regalito? oséa que ahora voy a ser la niña mimada, jajaja

Besosssss

Pharpe dijo...

La verdad que fue una pena que para apaciguar sus funestos internos, tuviera que demostrarse que era de verdad.

Excelente relato, y gran homenaje a las víctimas de tan funesto día de la Historia de la Humanidad.

Saludos amigo

Rudy Spillman dijo...

Me alegra que te haya gustado, Pharpe, a pesar de que el tema lo único que inspira es disgusto.

marianlady dijo...

Excelete relato que aunque tu confieses ficticio podria perfectamente reflejar mas de una vida perdida en un dia y en un hecho que hasta al mas indiferente de los mortales removio por dentro.Mejor homenaje no podrias haber escogido.Felicitaciones Rudy.Un saludo.

Rudy Spillman dijo...

Me place que lo hayas disfrutado, Marianlady. Como bien dices, es ficción pero podría haber sido la triste historia de alguna de las víctimas.
Un beso y gracias.

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