La vida no es siempre color de rosa. No todos vivimos la que quisiéramos. Y aun así, los que lo hacen tampoco encuentran que todos los rincones de la misma son igual de apetecibles. Pero existen diversas maneras de enfrentarse a lo no querido, a lo adverso, a las frustraciones cuando el fracaso no se siente ya respecto de un solitario objetivo sino de la vida misma. En realidad podría decirse que las formas de encarar esta gran contrariedad y vacío pueden ser tantas como personas existen pues cada uno pondrá en el método utilizado esa huella digital necesaria que lo distingue de los demás. De todas maneras existen dos grandes grupos detrás de los cuales se reunen los individuos según sus tendencias para enfrentarse a las tormentas no climáticas que les presenta la vida. Estos son:
- Los realistas, que prefieren de una manera lo más objetiva posible encarar las verdades que se les anteponen por más adversas que resulten. Si bien en los momentos de contrariedades sufrirán más que los segundos, en resarcimiento por ello obtendrán un mayor control de lo que en realidad sucede brindándoseles la posibilidad de buscar y encontrar una solución a cada situación o la forma de continuar viviendo luego de aceptar lo inevitable.
- y los irrealistas, que a veces llegan a serlo tanto que ni siquiera logran advertir que a cada minuto se van creando para ellos mismos la historia que desearían vivir y que se encuentra tan lejana de la que en realidad están viviendo. El individuo irrealista, según sus extremos, puede llegar a vivir la vida como una película en la cual él es el guionista, productor y director. Pero también es el actor principal, su protagonista. Y el espectador. Generalmente, el único espectador. Pero que siempre aplaudirá satisfecho pues él mismo se ha encargado de la puesta en escena y todo el desarrollo de la historia. No estará mal la actitud de este simbólico cineasta psicológico siempre y cuando continúe viviendo siempre dentro del cinematógrafo creando y reproduciendo sus propias películas. Aun así no quedará exento del riesgo a que en cualquier momento se abran las compuertas de su hermética y segura cinemateca y una feroz tormenta de realidad interrumpa su película. Entonces deberá enfrentarse a una nueva situación. Esta vez sin celuloide.
- Los realistas, que prefieren de una manera lo más objetiva posible encarar las verdades que se les anteponen por más adversas que resulten. Si bien en los momentos de contrariedades sufrirán más que los segundos, en resarcimiento por ello obtendrán un mayor control de lo que en realidad sucede brindándoseles la posibilidad de buscar y encontrar una solución a cada situación o la forma de continuar viviendo luego de aceptar lo inevitable.
- y los irrealistas, que a veces llegan a serlo tanto que ni siquiera logran advertir que a cada minuto se van creando para ellos mismos la historia que desearían vivir y que se encuentra tan lejana de la que en realidad están viviendo. El individuo irrealista, según sus extremos, puede llegar a vivir la vida como una película en la cual él es el guionista, productor y director. Pero también es el actor principal, su protagonista. Y el espectador. Generalmente, el único espectador. Pero que siempre aplaudirá satisfecho pues él mismo se ha encargado de la puesta en escena y todo el desarrollo de la historia. No estará mal la actitud de este simbólico cineasta psicológico siempre y cuando continúe viviendo siempre dentro del cinematógrafo creando y reproduciendo sus propias películas. Aun así no quedará exento del riesgo a que en cualquier momento se abran las compuertas de su hermética y segura cinemateca y una feroz tormenta de realidad interrumpa su película. Entonces deberá enfrentarse a una nueva situación. Esta vez sin celuloide.
































































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