El 14 de agosto de 2002 inicié mi primer seminario Vipassana en el centro de meditación que la entidad posee en Jatzevá, a 150 Km. de Eilat, ciudad de residencia con mi familia durante los últimos 18 años. El mismo finalizó el día 15 de ese mes como todo seminario de diez días de duración, que son los más asiduos. La experiencia fue tal que en aquel momento decidí adquirir la disciplina de manera exclusiva y permanente (la única manera eficiente que proveerá de resultados según las propias instrucciones del maestro S. N. Goenka). A partir de entonces y hasta la actualidad mis prácticas consisten en un mínimo de dos veces diarias, durante una hora cada vez.
En aquella primera oportunidad en que visité el centro de meditación, debo reconocer que tuve sensaciones encontradas. Diez días en nuestras vidas parece ser un período muy corto pero si lo pasaremos sin hablar con nadie (hasta el extremo de no poder saludar, realizar señas ni cualquier otro tipo de expresión corporal que nos contacte con el prójimo), sin escuchar música, escribir o leer, salvo el contacto esporádico con el encargado de grupo por cualquier necesidad administrativa o personal, y con el maestro/a en relación al aprendizaje de la técnica; la estadía, en especial la primera vez, puede verse convertida en un largo y a veces tedioso camino por recorrer.
Empecé muy entusiasmado y como todo lo que hago, tomé la práctica con mucha seriedad. Las 11 horas diarias de meditación, para mí, eran exactamente eso y no otra cosa. No me dormía, no remoloneaba ni "esquivaba el bulto" de ninguna manera. Esto trajo sus ventajas. Aprendí rápido la técnica aunque con ciertos errores que luego se fueron subsanando. Pero también tuvo sus desventajas. Al tercer día comencé a sentir depresión y al cuarto día tuve leves accesos de asma. Ambos síntomas obedecían a antiguos padecimientos del pasado. De pequeño había sufrido largos y angustiosos años con ataques de asma. Ya de adulto, a los 28 años de edad sufrí una enfermedad depresiva que tardó 2 años en curar. Según las explicaciones de la técnica Vipassana, la práctica continua y bien realizada deberá ir trayendo desde las profundidades de la mente y hasta la superficie, todas las impurezas (dificultades, traumas, imperfecciones, trastornos) que ellos llaman "tsankaras", hasta eliminarlas por completo y para siempre. Así fue. Los síntomas fueron leves y al sexto día habían desaparecido por completo. La técnica Vipassana propiamente dicha comienza a enseñarse y practicarse recién en el 4° día. Los primeros tres son preparatorios. Acostumbrarme a sólo dos comidas vegetarianas diarias (desayuno a las 6 y almuerzo a las 11:30 hs.) y despertar todas las mañanas a las 4:30 hs. no me presentó grandes problemas. Aunque acostumbrado a normas diferentes mi adaptación fue rápida y agradable. El décimo día me sentía contento, satisfecho y decidido a continuar con la práctica. De acuerdo a los consejos del Maestro continué asistiendo a dichos seminarios una vez al año, durante los siguientes.







































4 comments:
Ciertos aprendizajes marcan caminos, como el que nos cuentas aquí.
Felicitaciones.
Alicia
Qué bueno que fue beneficioso para vos, Rudy!!
Yo no sé si podría... Me dejó pensando.
Abrazo
Jeve.
Me sentí identificada en muchas cosas, si bien no realicé el mismo camino que vos, mi querido amigo, ya que como sabes mi abuela me enseño a meditar, hoy ella tendría 101 años, toda una vanguardista y "loca" para su época, sentí muchas de las cosas que tu has descripto...un calido abrazo para ti y tu flia.
No conocía los seminarios Vipassana. Al leerte me imaginaba que debía ser duro adaptarse a algo así cuando nunca antes lo has hecho pero por lo que cuentas para tí no fue ningún sacrificio.
El reencuentro con uno mismo no es fácil a veces, sobre todo al principio, luego todo fluye solo.
Un beso grande
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