Creo que de las veces que asistí al centro de meditación Vipassana, la tercera la recuerdo como la de mayor entusiasmo. Incluyendo mi vuelta a casa.
En las dos primeras oportunidades me había acostumbrado al lugar, había logrado descubrir y corregir mi error en la práctica, me había adaptado a las comidas, las horas de sueño, me sentía como en mi casa. Por ende, la tercera vez sentía que contaba con diez días completos para evolucionar en la práctica. Disfrutaba en especial de los períodos de descanso, el tiempo de la ducha, el aseo personal y el lavado de la ropa, las cortas caminatas, el té con limón sentado en los jardines. El resto del tiempo, que era mucho, lo dedicaba a meditar. Algunas horas en el salón colectivo, junto con otros ciento treinta meditadores y el Maestro, y el resto del tiempo, de manera individual en la habitación que compartía con otros cuatro individuos. Junto con la disminución paulatina de mi apetito que me obligaba a ingerir menor cantidad de alimentos pero los suficientes para mantenerme fuerte y sano, creció mi concentración en las horas que meditaba llevándome a niveles de profundidad en la meditación desconocidos por mí con anterioridad. Al tercer día de práctica muy intensa comenzaron a aparecer en mi mente nítidas imágenes en 3-D (tres dimensiones). Lo recuerdo como si fuera hoy (entiéndase que las apariciones fueron involuntarias pues yo ya no cometía el error de visualizar). La imagen era en blanco y negro. Había una mesa común chica, de cuatro patas, rodeada de cuatro sillas, una pared, una ventana por donde entraba la luz, creando unos contrastes luminosos que me recordaron a ciertos pasajes de la película "El ciudadano Kane". La imagen empezaba a girar mostrando sus contornos, detalles, el volumen y la profundidad de la escena. Jamás había visto algo así dentro de mi mente. Hice esfuerzos por mantener la calma y disfrutar del momento hasta que desapareció. Ese día, a las 21:30 hs. puse mi cabeza en la almohada y sólo la levanté al escuchar las fuertes campanadas que marcaban las 4:30 de la madrugada (todavía en la oscuridad). Desperté completamente despabilado como si hubiese dormido 3 días continuados. Hasta las 6 de la mañana meditaba en la habitación. Luego de desayunar me esperaban largas horas de práctica en el amplio salón. Allí es donde pensé que aparecería nuevamente la imagen del día anterior. Pero no ocurrió. Transcurridas algunas horas empezaron a aparecer imágenes dentro de un círculo del tamaño de un botón. Estas figuras eran rostros, parecían ser conocidos próceres y personalidades de la historia. Aunque yo no los identificaba. Se intercalaban con dibujos de personajes como los de Walt Disney y también rostros de animales. Las imágenes eran todas muy pequeñas, se sucedían unas a otras como diapositivas que van proyectándose. De pronto aquel botón se convertía en un enorme telón que exponía una pintura irreconocible para mí, pero del estilo renacentista. Allí aparecían sobre el supuesto lienzo, ángeles, dioses alados, reyes. Yo no podía creer que pudiera estar viéndolas con tanto detalle. Estaba deslumbrado. Luego se esfumaba la imagen y volvía a aparecer el mencionado botón de diapositivas. Éstas comenzaron siendo en blanco y negro y luego continuaron apareciendo a todo color y mostrando una precisión y detalle en sus rasgos que me mantenía absorto. Finalizó aquel día y yo me sentía completamente maravillado por la experiencia. No se porqué, pero no se lo relaté al Maestro. Recién el día N° 10, cuando se rompe la regla del silencio y es permitido conocerse y charlar entre los meditadores unas horas antes de volver a casa, conté mi experiencia a tres de los jóvenes con los que había compartido la habitación. Volví aquella vez a casa y durante semanas estuve intentando reproducir esas maravillosas experiencias. Pero hasta el día de hoy no han vuelto a aparecer. Más tarde aprendí que no debía entusiasmarme tanto con experiencias como aquella. Toda euforia y disfrute vivido me alejaría del camino por el que debía transitar la técnica para obtener óptimos resultados. Debía acostumbrarme a este tipo de situaciones como a cualquier otra. Incluso, a las que no fueran para nada placenteras. Y mantener la ecuanimidad aceptando naturalmente que todo lo que sucediera era lo que debía suceder. Y era una experiencia individual.







































5 comments:
Guauuu... Fascinante!!!
Espero que nos regales el placer de continuar relatándonos estas experiencias Rudy, me hacen pensar mucho...
Recibe todo mi cariño y admiración.
Estoy con Fayna, espero la 4ª entrega.
Un abrazo
me ha encantado tu texto disfruté de tus palabras jazmines con besos
Amigo Ruddy: he leido con cuidado los tres primeros capitulos, perdona mi ignorancia pero no entiendo el proposito o no hay proposito y yo quiero hallarlo en todo, perdona amigo.graciaS
Marina, querida amiga, lo primero que te diría es que no debes disculparte. Tienes derecho, como todos, a no saber y a preguntar. Eso no significa que seas ignorante sino que desconoces un tema determinado. No te imaginas los temas que tú seguramente conoces bien y que yo ignoro.
La meditación, Marina, tiene propósito sólo para quien lo busca y lo encuentra, dentro de sus necesidades. No todos somos iguales ni necesitamos las mismas cosas. Hay gente que requiere de otras disciplinas.
Quien encuentre que sus afinidades se acomodan a la meditación encontrará la manera de relajar su mente y su cuerpo, extraer de las capacidades humanas el mayor beneficio espiritual y físico posible, sentirse mejor e irradiarlo a los demás en su entorno, y en definitiva, crecer como ser humano en esta etapa que nos ha tocado, llamada "vida".
Un gran saludo, también a Fayna, Juanjo y Mucha de la Torre, por participar de mis experiencias.
Iluminado fin de semana para todos.
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