Han transcurrido casi ocho años desde aquel 14 de agosto en que me inicié en esta disciplina. Si bien durante los últimos años he interrumpido mi asistencia a los seminarios, mi práctica se ha intensificado aunque ya no rodeado de las estrictas condiciones que estos imponían.
El Maestro S. N. Goenka solía impartir algunas de sus enseñanzas a través de relatos muy simbólicos de lo que deseaba transmitir. A veces poseían incluso cierta dosis de humor. Recuerdo claramente uno de ellos que de algún modo viene a servirme en esta etapa en que me encuentro largamente retirado de los seminarios y quizás mermando mis posibilidades de volver.
El relato cuenta la historia de una madre preocupada porque su pequeño hijo se negaba a comer un pudding (delicioso postre) preparado con un arroz especial y leche. Era de gusto agradablemente dulce y poseía un cereal oscuro en forma de pelotitas muy pequeñas esparcidas en el postre. El niño protestaba llorando y quejándose pues no deseaba comerlo, aduciendo que no le gustaban las "bolitas negras". Entonces la madre le respondió: "Esas bolitas son deliciosas pero si no te gustan déjalas aparte y disfruta del resto. Disfruta de lo que sí te agrada. Quizás con el tiempo, algún día decidas probarlas y disfrutarlas junto con los demás ingredientes". El Maestro nos explicaba esto en oportunidad en que hablaba de las reglas, principios y condiciones para la práctica de la meditación VIPASSANA. Y terminaba agregando: "...si no están de acuerdo con todos sus principios, empiecen la práctica con lo que sí es de vuestra aceptación. Quizás luego, llegue todo lo demás".
Por supuesto que resulta importante coincidir con los principios básicos y fundamentales puesto que de lo contrario lo que convendrá es cambiar de disciplina. Por suerte no es eso lo que ocurrió en mi caso. Yo estuve de acuerdo desde un principio con la práctica en sus generalidades, principios básicos y lo que resultó ser lo más importante para lograr mi entusiasmo y total dedicación: encontraba una completa lógica entre la ejecución de la práctica y lo que el alumno obtenía como resultado de la misma, correctamente practicada.
Siento que he avanzado mucho en estos años. Mi mente se encuentra dócil, como la boca de un brioso corcel que con minuciosa precisión sabe responder al freno y las riendas que le llevan el imperceptible toque de la diestra mano del jinete. Pero aún así sé que me encuentro lejos, muy lejos de poder alcanzar el dominio deseado sobre mi mente. Pero continúo, sin pena ni gloria por el camino que se me ha dado en andar. Un poco alejado sin intención de las enseñanzas de la escuela VIPASSANA, de la que tanto he aprendido y en igual medida le debo, fue desarrollándose en mí una especie de práctica paralela, obedeciendo a mis inconscientes tendencias autodidactas. No fue algo premeditado ni intencional, simplemente sucedió, porque en última instancia soy quien soy y no puedo ni quiero ser otro.
"Anapanna" es la disciplina con la que se comienza la práctica en los seminarios. Consiste en una meditación basada en la concentración en nuestra respiración tal cual ésta es, sin cambiarla. Con esto se quiere lograr la "precisión" de la mente, que se encontrará concentrada, ágil y dispuesta a nuestros dictámenes. "Anapanna" se enseña y practica durante los primeros tres días. El cuarto día se comienza la enseñanza y práctica de "Vipassana" haciendo uso de "Anapanna" como herramienta útil e imprescindible que nos acompañará durante el resto del trayecto.
Como ya es sabido, la escuela recomienda enfáticamente no enseñar los principios de la práctica de la meditación "Vipassana", transmitiéndola de alumno a alumno pues resultaría muy fácil incurrir en errores ya que la misma cuenta con detalladas y precisas explicaciones ejecutorias que no siempre serán transmitidas con exactitud por un meditador, por más experiencia que el mismo acopie, si no forma parte del equipo de maestros autorizados y preparados especialmente para impartir la enseñanza.
Haciéndome eco de lo antedicho es que no entraré en detalles ejecutorios de la práctica propiamente dicha, pero sí diré lo siguiente:
Existe una etapa final en el proceso (no develada en los seminarios de diez días de duración), consistente en que el meditador comienza a sentir una especie de burbujeo en todo el cuerpo (o algo similar, puesto que se trata de una experiencia individual y puede diferir en cada meditador). Lentamente, se progresa hacia la sensación de desaparición corpórea, quedando sólo nuestra mente como único testigo de que aún estamos. Sé que muy pocos meditadores, después de largos años de práctica, logran llegar a vivenciar esta experiencia. Yo no cuento entre ellos. Muchos, ni siquiera desean intentarlo.
Quizás, mucho tiempo antes de acercarme a las posibilidades de dicha experiencia, yo he comenzado a torcer el camino de mi práctica en una dirección que toma los cimientos de esta maravillosa disciplina y a partir de allí comienza a levantar ladrillos propios. Supongo que los grandes maestros de "Vipassana" no consentirían mi iniciativa. Pero ella se ha iniciado y continúa progresando, prescindiendo de mi voluntad. Y yo me siento mejor que nunca dentro de mi nueva práctica que no del todo deja de ser VIPASSANA.
Han pasado varios años desde que por vez última asistí a un seminario VIPASSANA, en Hatsevá. No sé cuántos, premeditadamente no los cuento. No quiero saber. Deseo dejarme llevar por las circunstancias, que en estos casos son las más sabias. Si algún día he de volver, supongo que tampoco querré saber cuánto tiempo pasó. Y si no vuelvo, será porque el desvío operado en mis prácticas ha estado insinuándome algo a lo que deberé prestar su debida atención e intentar comprender.
Finalmente, quizás yo sea como aquel niño rebelde del relato de mi Maestro, aunque deba reconocer en mi caso, estar quitando algo más que unas simples "bolitas negras" de mi postre.








































4 comments:
Hola Rudy!! Un post muy interesante. Me cuesta mucho dominar mi mente y admiro a todas las disciplinas que , de alguna manera, se basan en la meditación y logran maravillas. No sé si me explico bien porque no conozco las conozco pero me parece muy interesante.
Besosssss
AMIGO RUDDY:PARA MI LA SINCERIDAD ES PARTE DE LA AMISTAD, PARA MI LAS BOLITAS NEGRAS EN LIBRO ABIERTO SON LAS MEDITACIONES VISSAPANAS.ME PREOCUPA QUE UN DIA TE QUEDES ARRIBOTA!Y QUEDARME SIN MI AMIGO.
Por supuesto que te explicas, Gabriela, te entiendo bien, y te envío un abrazo.
Pues quita las meditaciones, Marina, y disfruta del resto. Yo, hace muchos años que vivo en otro mundo pero a la vez no dejo de estar en éste. Así es que parece haber amistad para mucho tiempo. Disfrutémosla sin pensar demasiado.
Abrazos, querida amiga.
Rudy, vengo siguiendo tus post sobre meditación. Me parecen muy interesantes, sólo que no comento porque siento que no tengo nada para aportar...
Un abrazo.
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