Nunca he podido comprender las que a mi juicio resultan grotescas contradicciones. Pero sí entiendo que se trata de una incapacidad personal que hasta hace algún tiempo se manifestaba también en intolerancia.
Sé que aún hoy, y quizás por mucho tiempo más continuarán las especulaciones basadas en los resultados de una legislación que, como la misma palabra lo dice, ya es ley. Y en cualquier sociedad de derecho, a una ley democráticamente instituida, se la respeta.
A mí me ha llamado siempre la atención que en un país como España, a la vanguardia entre los países solidarios del mundo, con cada vez más extraordinarias individualidades dejando de un día para el otro el bienestar de sus vidas privadas para dedicarse por entero a sociedades relegadas, a mejorar el medio, a salir de su propio y protegido cascarón para mostrar su tremenda empatía hacia el bien de sus semejantes y del planeta todo, pudiese existir y subsistir una tradición tan antigua, basada no ya en matar un animal para nuestra alimentación (actividad que muchos también critican), sino matarlo por deporte y entretenimiento y lo que a mis ojos resulta más grave, torturándolo e infligiéndole sufrimiento frente a un público que aclama como si nos encontráramos en los antiguos circos romanos.
Me alegra sobremanera que la propia sociedad española, a la que aprecio y admiro, esté haciéndole justicia al animal. Aun así, comprendo a las personas que vivían y disfrutaban de las corridas, no los juzgo ni los critico. Muchos han nacido en medio de la tradición. A todos nos resulta siempre difícil abandonar una parte importante de nuestra cultura aunque esto sea lo correcto por hacer. Como al esclavo que nace esclavo, es probable que en un principio le duela su libertad.
Existen voces que comentan que esta nueva ley rompe con una centenaria tradición poniendo en pie de guerra a dos grupos sociales bien definidos. Me entristeció enterarme y mucho espero que esto no sea así. Yo les preguntaría a los que están enojados: "Si en algún rincón del mundo nos encontráramos con una tribu que por tradición practicara el canibalismo (y aunque cueste creerlo, las hay), ¿Estaríamos dispuestos a reconocer su derecho por el hecho de tratarse de una tradición o pensaríamos que existen tradiciones bárbaras que nunca debieran haber existido?
De corazón espero que la sociedad española que tan alto ha llegado en muchas áreas sociales y que aún lo está, se encuentre más unida que nunca en su deber de comprenderse mutuamente. Sin intención de restarle importancia al tema, pensemos que los deportes y entretenimientos siempre podrán ser reemplazados por otros aunque nos cueste un poco la adaptación.
Sé que aún hoy, y quizás por mucho tiempo más continuarán las especulaciones basadas en los resultados de una legislación que, como la misma palabra lo dice, ya es ley. Y en cualquier sociedad de derecho, a una ley democráticamente instituida, se la respeta.
A mí me ha llamado siempre la atención que en un país como España, a la vanguardia entre los países solidarios del mundo, con cada vez más extraordinarias individualidades dejando de un día para el otro el bienestar de sus vidas privadas para dedicarse por entero a sociedades relegadas, a mejorar el medio, a salir de su propio y protegido cascarón para mostrar su tremenda empatía hacia el bien de sus semejantes y del planeta todo, pudiese existir y subsistir una tradición tan antigua, basada no ya en matar un animal para nuestra alimentación (actividad que muchos también critican), sino matarlo por deporte y entretenimiento y lo que a mis ojos resulta más grave, torturándolo e infligiéndole sufrimiento frente a un público que aclama como si nos encontráramos en los antiguos circos romanos.
Me alegra sobremanera que la propia sociedad española, a la que aprecio y admiro, esté haciéndole justicia al animal. Aun así, comprendo a las personas que vivían y disfrutaban de las corridas, no los juzgo ni los critico. Muchos han nacido en medio de la tradición. A todos nos resulta siempre difícil abandonar una parte importante de nuestra cultura aunque esto sea lo correcto por hacer. Como al esclavo que nace esclavo, es probable que en un principio le duela su libertad.
Existen voces que comentan que esta nueva ley rompe con una centenaria tradición poniendo en pie de guerra a dos grupos sociales bien definidos. Me entristeció enterarme y mucho espero que esto no sea así. Yo les preguntaría a los que están enojados: "Si en algún rincón del mundo nos encontráramos con una tribu que por tradición practicara el canibalismo (y aunque cueste creerlo, las hay), ¿Estaríamos dispuestos a reconocer su derecho por el hecho de tratarse de una tradición o pensaríamos que existen tradiciones bárbaras que nunca debieran haber existido?
De corazón espero que la sociedad española que tan alto ha llegado en muchas áreas sociales y que aún lo está, se encuentre más unida que nunca en su deber de comprenderse mutuamente. Sin intención de restarle importancia al tema, pensemos que los deportes y entretenimientos siempre podrán ser reemplazados por otros aunque nos cueste un poco la adaptación.








































4 comments:
Todo lo que dices es correcto, pero existe un problema, la Fiesta del Toro morirá, pero lo hará por maduración de nuestros jóvenes que ya no ven lo que vemos nosotros en ese arraigo que de siempre vivimos.
Igual que murió el boxeo, los toros llevaban el mismo camino, pero las políticas y los enfrentamientos es el atajo perfecto para conseguir hacer esas dos Españas que no existen.
Sé que un día no habrá fiesta del toro, soy consciente, pero mientras esa muerte lenta de una tradición llegue, seguiré molesto con los que imponen a base de insultos y política sus prohibiciones.
Un abrazo y me alegro de encontrarte en Twitter.
No comprendo a los que defienden una tradición de crueldad y muerte contra un inocente.
He dialogado en muchos blogs con quienes defienden las corridas de toros y esta gente que esgrime los argumentos de la tradición no ha podido darme más explicación.
Comprendo que las tradiciones hacen a la identidad, y eso es muy respetable, pero creo que no alcanza como argumento cuando se trata de lo que se trata.
Me cuesta entender que no puedan ponerse en el lugar del toro, no puedan imaginarse lo que es ser llevado a la fuerza a un lugar donde se van a burlar mientras lo van a lastimar y en cada herida va a sentir el clamor de la platea. Me cuesta entender que esa gente no se ponga en el lugar de el toro para imaginar lo que él siente al morir tan injustamente y con tanta crueldad, sin la más mínima dignidad, sólo por entretener a unos cuantos. Me cuesta entender a los que festejan el dolor de otro ser.
Supongo que detrás de esto habrá intereses económicos y otro tipo de temas.
Me hubiese gustado que esa tradición desapareciese por evolución y cambio en la gente, más que por una ley que lo prohiba. Pero me alegra mucho que salga esa ley, me alegra por esos pobres animalitos.
Hay muchas cosas que se defienden por tradición y son brutales, hay muchas cosas en nuestro mundo que deben cambiar para que haya más humanidad en nuestra humanidad.
Un abrazo.
Coincido con vos en que formar dos bandos no es solución para nada, que debe haber respeto.
Besos.
...si los toros hablaran, creo que sólo dirían;"Los que van a morir te saludan"
Es el humano el que se compara con el rey de la selva, el León, el cual sólo cazar y engendrar.
Y es que aprovecho de desahogarme(jeje) y decir que nunca comprendí cómo una sociedad tan avanzada en tantos aspectos, es tan atrasada-a la vez-en otros.
Eso de tradiciones, el punto es sencillo; entretención del hombre V/S muerte de animales..
creo que metafóricamente quien muere-en lo profundo-definitivamente es el humano.
Feliz yo, que maltrato que sea, se detenga!
Que bien que hayas realizado este artículo, Rudy.
Un abrazo
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