por Karla Valenzuela
Una celebración mundial de paz, compasión y amor, el día más sagrado del calendario budista en el que se celebra la existencia e iluminación de Siddharta Gautama, el Buda de la compasión…
La luna llena de mayo es considerada como la más poderosa del año; este día marca el nacimiento e iluminación de Buda, razón por la cual se detona un carnaval de conciencia, generosidad, y purificación alrededor del mundo, llamado “Wesak”, este festejo tiene su origen en la tradición budista, es celebrado hace miles de años, pero el primer acercamiento entre la logia de maestros y la humanidad, en forma organizada, fue en la luna llena de Mayo de 1936.
Actualmente, cada año, durante la primera luna llena de mayo, se celebra el Wesak (Vesakha), la festividad más importante del budismo. Y es que además de ser considerada la fecha que marca el natalicio de Buda, muchos practicantes afirman que este mismo día Gautama obtuvo la iluminación y también dejó su cuerpo. Pero más allá de los tecnicismos calendáricos, los cuales sin duda tienen una relevancia metafísica, lo cierto es que Wesak se transforma en un verdadero carnaval de conciencia, color, y generosidad, una fecha en la que millones de practicantes del budismo alrededor del mundo elevan sus plegarias, y asisten a sus templos para convidar alimento, flores, y velas.
La tradición mística de la filosofía que floreció en torno a las enseñanzas de Buda, afirma que durante este día “el iluminado” retorna a este mundo para alimentar la regeneración tanto física, como espiritual, de sus habitantes. Su visita tiene como destino particular el Valle de Wesak, protegido entre las montañas del Himalaya, y es aquí en donde esparce la energía de Shambala a los maestros, iniciados y discípulos, para que a su vez ellos puedan replicarla alrededor del mundo. Simultáneamente, decenas de corrientes espirituales alrededor del mundo aprovechan la fecha para canalizar energía divina y promover la purificación de todos los seres que habitan nuestro planeta.
Algunas tradiciones místicas consideran que esta fecha marca el embarazo de la luna (al igual que Buda abrió su conciencia para ser fecundado por la luz divina), y coincidentemente en esta temporada se “insemina” la tierra ya que son los días más propicios del año para colocar las semillas en el campo. En este sentido Wesak alude a la unión de la raza humana con el espejo que forma la naturaleza terrena en sintonía con el orden astral. Por ello durante esta luna debemos honrar, de manera especial pero obviamente no exclusiva, a todos los seres vivientes y en particular a la madre naturaleza.
Paralelamente al acontecimiento espiritual interno tiene lugar la ceremonia física externa, en un pequeño valle del Tíbet, en los Himalayas. El sueño, leyenda o acontecimiento puede ser descripto como sigue:
Existe un valle, situado al pie de los Himalayas tibetanos, a una altura bastante elevada, rodeada por montañas excepto hacia el noreste, donde existe una estrecha abertura. El valle tiene forma de botella con el cuello hacia el noreste, abriéndose hacia el sur. En el extremo norte cerca de la abertura hay una gran roca plana. No hay árboles ni arbustos en el valle, está cubierto de una alfombra de pasto duro. Las laderas de las montañas sí se encuentran tachonadas de árboles. En el momento del plenilunio de Tauro comienzan a llegar peregrinos, hombres santos y lamas que se acercan ocupando la parte sur y central, dejando el extremo noreste relativamente libre. Allí según reza la leyenda, se congrega un grupo de Grandes Seres que son en la Tierra, los custodios del Plan de Dios para nuestro planeta y para la humanidad. Con su sabiduría, amor y conocimiento forman una muralla protectora para nuestra raza, tratando de guiarnos de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real, y de la muerte a la inmortalidad. Este grupo de conocedores de la divinidad, se sitúa en el confín del valle en círculos concéntricos, de acuerdo al grado de desarrollo iniciático, preparándose para un gran Acto de Servicio.
Este año Wesak se registrará el martes 17 de mayo a las 6:10 de la mañana. Y más allá de los múltiples rituales que estarán sucediendo en ese momento, muchos de los cuales incluso ya han comenzado, es fundamental recordar que es un momento que debemos dedicar a la oración y la meditación enfocados en la salud y la luz de todos los seres vivientes. Un instante que debe dedicarse a la generosidad y a la amabilidad puestas al servicio de los demás, y a la vez un día especialmente apto para la purificación personal, la depuración energética, y el gozo de reconocer una palpable porción de divinidad en ti.
Fuente: Sexenio
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