La mermada libertad de expresión
René Avilés Fabila | Opinión
Para los especialistas internacionales, México está entre los países que por muchas razones impiden que haya libertad de expresión. Esta desconcertante noticia la da Freedom House, organización independiente. Si antes la censura (en cualquiera de sus manifestaciones, entre ellas la amenaza) frenaba su desarrollo democrático, hoy son otros poderes los que la limitan. Destaquemos algunos, los intereses mercantiles de los dueños de los medios, especialmente los electrónicos, el terrorismo desatado por la inseguridad y en concreto por el narcotráfico y por los sindicatos se han convertido en fuente de ofensas y golpes a los periodistas. En todo este espanto queda la figura presidencial como uno de los responsables. Ha sido por completo incapaz de poner orden en el país. No sólo ello, su torpe declaración de guerra lo único que logró fue aumentar la intensidad de los combates y generalizar el campo de acción. Su gabinete está más preocupado por saber a quién destapará la cúpula panista como candidato presidencial que por ordenar a la nación. Los periodistas ahora no sólo sufren bajos salarios, sino también amenazas, golpes, torturas, secuestros y muertes. El pasado domingo, dirigentes del SME, apoyados por otros sindicatos supuestamente avanzados, atacaron a golpes a reporteros y camarógrafos. Una mujer fue salvajemente golpeada ante la policía capitalina que, siguiendo instrucciones de Ebrard, protegía a los delincuentes disfrazados de sindicalistas.
Los relatos de los periodistas correteados, vejados y golpeados es una prueba del terror que los simpatizantes del PRD y en general de López Obrador han desatado. No hace mucho, Ricardo Alemán y yo hacíamos un rápido recuento de los correos ofensivos que recibimos. Las amenazas y las mentadas de madre menudean. Hay un odio feroz en contra de quienes tenemos la misión de informar y opinar. Me gustaría reproducir algunos de los correos que recibo cuando critico al líder tabasqueño: una tremenda lluvia de insultos con el objeto de atemorizarme. Ricardo Alemán no suele leerlos, yo tampoco. A veces por algún error pierdo el tiempo: todos son de una monótona violencia de aquellos que ven a López Obrador como un héroe o un santo, un mártir, un salvador de la patria. Lo más fácil es recibir la acusación de “vendido”, de estar pagado por el PAN o por el PRI, lo que demuestra es que se trata de hordas de lectores a sueldo que están a la caza de críticas a AMLO para “defender” a su caudillo. Alguna vez, en Bellas Artes, durante la presentación de un libro del doctor Federico Ortiz Quesada, fuimos agredidos algunos de los presentadores. Una quincena de perredistas ingresaron al recinto y se colocaron estratégicamente. De pronto uno gritó la estúpida frase “Es un honor estar con Obrador” y comenzaron los empujones y los gritos para reventar lo que ellos suponían un acto contra López Obrador.
Los panistas acostumbran enviar protestas mejor armadas, los pobres en vano tratan de argumentar. No se les da la reflexión. Allí está un botón de prueba: Gustavo Madero, ante las críticas del PRI le dice que “se está haciendo güey”, con elegancia londinense. Lo curioso es que pocas veces recibo una agresión priista, deben estar acostumbrados a la crítica. Pero en conjunto, los partidos políticos han implantado un modelo de terror verbal que podría hacerse realidad una vez que estén en el poder. Ya vimos que Felipe Calderón (aquí lo comenté) toleró la expulsión de un periodista italiano avecindado en Chiapas y que en YouTube se eliminara una severa crítica que los perredistas de AMLO subieron a la red.
Como sea, ha aparecido una nueva forma de impedir que haya libertad de expresión, la de la acusación fácil, sin pruebas, simplemente por el placer de ofender.
México está mal colocado en el campo internacional, estamos señalados como un país sin libertad de expresión y eso es muy grave. Muestra, entre muchas cosas, la incapacidad de las más altas autoridades para ordenar al país. El ejemplo más evidente es la Ciudad de México, mientras Marcelo Ebrard se hace pasar por el buen muchacho que desea competir lealmente con sus rivales, incluido López Obrador, permite que los sindicalistas más atrasados y en consecuencia violentos, faltos de argumentos y deseosos de mantener sus privilegios insulten, ofendan persigan y golpeen a los periodistas, ante una reducida vigilancia policiaca que por instrucciones superiores está allí para proteger a los manifestantes de sus “agresores” reporteros. Es en verdad el colmo. No sólo hay que huir de la delincuencia sino de los pésimos gobiernos que nos manejan como rebaño y no como sociedad.
Freedom House explica que crimen y autoritarismo son los principales riesgos para que en México no haya libertad de expresión cabal. Por ello, en este momento, estamos a nivel de Honduras, Egipto, Hungría, Corea del Sur, Turquía y Ucrania, países donde se ha incrementado la censura y ha tomado nuevas formas distintas de las tradicionales. Estamos en los puntos más bajos del mundo en 30 años. Esto es, no vivimos en un país con libertad de expresión. ¿Dónde están los culpables? Desde luego, no somos ni los periodistas ni los ciudadanos los responsables de la infamia. Miremos hacia el gobierno.
Fuente: LA CRÓNICA DE HOY
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