Vidas paralelas
Fran Ruiz
Observen estas miradas. Una corresponde a la de Ameneh Bahrami, una iraní a la que un joven compañero de clases le arrojó ácido en la cara porque ella se negó a ser su novia. La otra mirada es la de Anders Breivik, el noruego causante de la matanza de compatriotas. Ambos están ciegos.
La mujer lo está físicamente porque el ácido corrosivo hizo que perdiera totalmente un ojo y perdiera gran parte de la visión del otro; el hombre, por el contrario, está ciego de odio.
Anders y Ameneh tienen la misma edad. Ambos llevan 32 años de vidas paralelas, pero radicalmente opuestas. El primero vivió entre algodones, en el país con más calidad de vida del planeta, mientras que la segunda nació mujer y fue criada en Irán como musulmana bajo un duro régimen islamista, o sea, sometida de por vida a los hombres.
Que alguien criado en Noruega, ese oasis de civilización y tolerancia al alcance de un puñado de privilegiados, acabe convirtiéndose en un monstruo, es algo que deberá analizarse con urgencia para evitar que surjan otros monstruos.
La vida de Anders es aún más miserable si la comparamos con la de Ameneh, que acaba de dar una lección de dignidad y grandeza desde uno de los lugares más intolerantes del mundo. Bajo esa mirada perdida y vacía; bajo ese rostro desfigurado que jamás recuperará la belleza de la juventud, se esconde un alma que no está contaminada por la venganza. La joven iraní perdonó en el último minuto el cruel castigo que le tenía reservada a su agresor la Ley del Talión que impera en el régimen de los ayatolás. Podía haber quemado con ácido los ojos de su agresor; se esperó hasta el último minuto para que él se imaginara el dolor a la que ella ha sido condenada de por vida, pero al final sintió misericordia y no lo hizo.
En estas dos fotos sobre crimen y castigo, ni el terrorista noruego ni el agresor de la iraní recibirán la peor de las penitencias. Ni el primero morirá ejecutado, porque el pueblo noruego no cree en la Ley del Talión; ni el segundo quedará ciego, porque la joven desfigurada no cree en la Ley del Talión. Y esto es así porque los noruegos y la iraní no tienen el alma ciega, como sí la tienen sus agresores. Qué mayor castigo que éste.
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| Fotos: archivo |
Fuente: LA CRÓNICA DE HOY
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